Colina de Wawel (Cracovia)

Si hay un lugar considerado el corazón histórico de Polonia éste es la colina del castillo de Wawel, en Cracovia. Y es que durante más de 500 año, este emplazamiento fue el centro político y administrativo del país. Incluso después de que el rey Segismundo III Wasa trasladara la capital a Varsovia, a finales del siglo XVI, los reyes y los grandes héroes nacionales todavía se enterraban en este lugar.

Torres de la catedral de Wawel en Cracovia

Torres de la catedral de Wawel en Cracovia

En la colina Wawel se encuentran el Castillo Real y la Catedral de San Wenceslao y San Estanislao, donde el papa Juan Pablo II celebró su primera misa habiendo sido ordenado como sacerdote (concretamente en la cripta de San Leonardo).

En esta catedral, construida a mediados del siglo XIV, están enterrados los reyes de Polonia. Construida en estilo gótico, posteriormente se añadieron 20 capillas funerarias laterales de estilo renacentista. Destaca entre todas ellas la de Segismundo I, considerada la obra cumbre del arte renacentista en Polonia.

Catedral de Wavel

Catedral de Wavel

Por su parte, el Castillo Real de Wawel ha sido residencia de la mayoría de los reyes polacos. En sus orígenes era un castillo gótico, que fue totalmente reformado a principios del siglo XIV por arquitectos italianos. Este edificio de tres plantas, adornado con arcadas, está conformado por cuatro alas que rodean el patio central. El Castillo de Wawel contiene un gran número de obras de arte como, por ejemplo, una colección de tapices belgas del siglo XVI.

Explanada del castillo de Wavel

Explanada del castillo de Wavel

La verdad es que visitar Cracovia y no subir a la colina de Wawel es un sinsentido. Eso sí, hay que prepararse porque normalmente se forman unas largas colas en las taquillas en verano y los fines de semanas.

Para más información y saber los precios actualizados de las entradas (según el aforo de cada lugar habrá entradas disponibles o no) es mejor que consultéis la web www.wawel.krakow.pl

Fotos: María Jesús Tomé

 

Bled (Eslovenia) y el mariscal Tito

El lago de Bled es sin duda uno de los lugares más bellos de Eslovenia. Y quien tampoco pudo resistirse a sus encantos fue el mariscal Tito, quien tuvo una de sus más bellas residencias protocolarias a orillas del lago. En el viaje a Eslovenia que realicé el mes de mayo pasado tuve la ocasión de visitar el Hotel Villa Bled, que ocupa la que fue durante años una de las mansiones del dirigente yugoslavo.

Isla del lago de Bled y, al fondo, el castillo

Isla del lago de Bled y, al fondo, el castillo

Este lugar es increíble. En su terraza exterior, hoy reconvertida en un restaurante, se tienen unas magníficas vistas de la pequeña isla que se encuentra en medio del lago y a la cual se accede mediante unas barcazas conducidas por remeros. Este oficio pasa de generación en generación por lo que ser el portador de una barca en el lago de Bled es un privilegio que tan sólo tienen unos pocos afortunados.

Barcas que llevan a la isla de Bled

Barcas que llevan a la isla de Bled

Tuve el privilegio de visitar el Hotel Villa Bled y ver, por ejemplo, la gran sala de cine, hoy en día reconvertida en un inmenso comedor, que tenía esta residencia. No es desconocido que Tito era un gran amante del séptimo arte. Lo descubrí por casualidad en Belgrado, concretamente en La Casa de Las Flores, lugar donde está enterrado el mandatario y que es custodiado por auténticos yugonostálgicos que añoran tiempos pasados. En la recepción de este mausoleo se pueden ver en las vitrinas de la recepción algunas fotografías de Tito con algunos de los actores de Hollywood más brillantes de la época. La foto que recuerdo perfectamente es una instantánea con la entonces pareja Richard Burton y Liz Taylor.

Lago de Bled

Lago de Bled

No me extraña que Tito fuera un enamorado de Bled y de Eslovenia en general (el mariscal falleció en Ljubljana en el año 1980). Ubicado a los pies del Parque Nacional de Triglav, el único parque nacional de Eslovenia, Bled es un lugar increíble del que se puede disfrutar tanto en invierno como en verano. Desde su castillo, que este año cumple 1.000 años de historia, se tienen unas de las vistas más increíbles que jamás haya visto. Con motivo de su milenario este año se han preparado una serie de actividades para conmemorar tal efeméride. Incluso hay muchas parejas que eligen este lugar de ensueño para casarse. Si visitan este año Bled es probable que vean a su alcalde de tiros largos. Bled está a menos de 50 kilómetros de Ljubljana así que, si tienen ocasión. No se la pierdan.

Fotos: María Jesús Tomé
Vídeo: Juan Coma

Castillo de Trakai y la gastronomía caraíta (Lituania)

La primera ciudad que visite en mi último viaje a Lituania fue Trakai, situada a unos 30 kilómetros de Vilnius, capital del país. Es una localidad llena de historia, naturaleza y muchos monumentos. Pero, sin duda, lo que llama más la atención de Trakai es su castillo, que se alza sobre una de las muchas islas del lago Galvé.

Castillo de Trakai

Castillo de Trakai

El castillo original era del siglo XIV (el actual es una reconstrucción de la antigua fortaleza) y, pese a que se construyó como fortaleza defensiva se convirtió en la residencia del Gran Duque poco después de la batalla de Zalguiris (1410). La visita al castillo merece la pena ciertamente y no sólo por su aspecto exterior sino porque en su interior hay salas dedicadas a la historia de Lituania.

Lago Galve, en Trakai

Lago Galve, en Trakai

Aunque lo que más me gustó de Trakai (llamadme glotona) fue la comida que degusté en el restaurante Kybynlar de gastronomía caraíta. Cuando entras en el restaurante parece que viajes a la península de Anatolia por un instante y ahora les explicaré por qué. Los caraítas eran los integrantes de una etnia que habitaba la península de Crimea y que, a finales del siglo XIV, se trasladaron a Lituania, concretamente a Trakai, bajo el mandato del Gran Duque Vytautas.

La comida caraíta es excelente. Son muy recomendables los kybyn, que no dejan de ser unas sabrosas empanadillas rellenas de carne de cordero o ternera. Mención aparte merece el canach, una especie de estofado de carne servido en un recipiente de barro recubierto por una masa de pan.

Cabe decir que son platos calóricos, al igual que la gastronomía lituana en general, así que hay que estar preparado para sudar después de comer. Para poner un punto y final a esta comida les recomiendo que beban el típico chupito caraíta, una especie de aguardiente de hierbas que seguro que no les dejará indiferente. Si se atreven.

Video: Juan Coma